5 de diciembre de 2008

 

Sadismo

Ella sí te quería. Cuando te fuiste pensó que la habías dejado para siempre. Estuvo fatal, en psicólogos y todo eso, y al final terminó por meterse de misionera. Ahora creo que anda por África. No, yo no lo di el mensaje que tú me dejaste para ella. Tampoco me preguntaste si yo era un sádico.

4 de diciembre de 2008

 

Café Manuela

He vuelto a las calles de Madrid en las que tantas veces caté el alcohol y la poesía. Iba con su hermana. Cuando los dos teníamos dieciocho años éramos inseparables. Él siempre fue mucho más osado y se acercó a la cocaína desde un primer momento. Le había perdido la pista estos últimos veinte años. Tremendamente gordo, empastillado y medio lelo. Su hermana dice que ya apenas conoce y que hasta se hace el pis encima. Se había pasado mucho durante varios años. Y no sólo con la cocaína. Su media sonrisa seguía siendo la de antes. También atisbé una lágrima de emoción en sus ojos. A mí me ha dejado lloroso y triste toda la tarde. Su hermana también repite todo el rato que es como un vegetal. Maldita Malasaña. Hace unos años los dos nos íbamos a comer el mundo. Y sus poemas eran siempre los mejores y los que más gustaban en el Café Manuela.

3 de diciembre de 2008

 

Los nísperos

Los nispereros ya no son saqueados por los niños. Van pasando las semanas de marzo y abril y uno ve cómo los nísperos se pudren en los árboles sin que aparezca nadie a darse un festín. Yo de niño recuerdo pocos momentos tan memorables como las mañanas que andaba encaramado en los nispereros. El níspero es una fruta para los furtivos y los aventureros, pero presiento que los niños de este siglo veintiuno están confundiendo la aventura con la videoconsola. Y sin saberlo, están dejando de saborear su propia infancia: el almíbar del que luego se alimentan los recuerdos.

2 de diciembre de 2008

 

La vida por delante

La vida por delante. Antonio Muñoz Molina.
Editorial Alfaguara. 326 páginas. 17,50 euros


Ya Jaime Gil de Biedma, cuando le preguntaban por los temas de sus versos y por la motivación que le llevaba a escribir, siempre respondía que en su literatura todo discurría entre el tiempo y él en una permanente reflexión sobre su propia vida y sobre las otras vidas en las que se movía su existencia diaria. Con La vida por delante, Antonio Muñoz Molina también nos habla de él hablando del mundo que vive. Hay un acercamiento a los grandes temas universales de la humanidad, pero sobre todo se nos invita a un paseo por la intrahistoria cotidiana y por muchos caminos que a veces pasamos de largo perdiéndonos las claves o las razones de por qué somos como somos.

En este libro que recorre la peripecia periodística de Muñoz Molina entre 1997 y 2002 nos encontramos con una crónica interpretativa, y a mi juicio bastante acertada y perspicaz, del mundo que fue viviendo el escritor durante esos cinco años. En los artículos recopilados en esta edición de Alfaguara podemos encontrar desde literatura hasta política pasando, sobre todo, por la peripecia vital del escritor y del mundo que cambia cada vez que uno lo mira a través de la ventana o lo recorre un rato por las calles de cualquier ciudad del planeta. Muñoz Molina sabe recorrer esas calles guardando en la memoria o en el bloc de notas todos aquellos detalles con los que luego nos escribe y nos cuenta tan acertadamente. Ya no hay un abismo entre Roth, Auster o Coetzee y nuestros autores. Escritores como Muñoz Molina se han encargado de quitar buena parte de la caspa que nos separaba de ellos.

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